Tiempo

-¿¿Amor?? En esta vida no hay tiempo para el amor, Rube-, me dijo mirando instintivamente su reloj, como reforzando su frase lapidaria. Ésta, paradójicamente, había salido de sus labios de manera jocosa, casi juguetona.

Giró sobre sus tacos y se quedó mirando con ojos distraídos a la gente que pasaba, apoyada sobre la baranda del puente y fumando un cigarrillo. El frío de esa mañana entumecía las manos, calaba hasta los huesos. Pero la frialdad de sus palabras me afectaba más.

Con gran esfuerzo aparté la mirada de su (infinitamente agraciado) rostro, como si buscara respuestas en los edificios, en las nubes…en busca de algo que me diera la palanca para destrabar mi bloqueo mental. Mis ojos se posaron en el Big Ben, que imponente marcaba las 11:30 pasadas. -¿Cómo se hizo tan tarde?-pensé- ¿y cómo tardamos tanto en llegar a esta conversación? Un año y medio de salidas, encuentros y viajes, y los sentimientos siempre han sido un gran ausente en nuestras conversaciones. Hasta hoy, claro, día en que fatídicamente decidí abrir mi corazón. Comprometerme, jugarme por algo más grande, más profundo, más significativo.

El gran reloj marcaba las 11:40, y mi sensación de estar perdiendo el tiempo aumentaba. ¿Qué habíamos hecho durante toda la mañana? Pero no, no era ése el desperdicio que me estaba molestando. Era otro: Imaginaba un enorme reloj de arena con la etiqueta “Rubén” escrita en rojo sobre blanco. Una buena parte de las partículas ya se encontraba en la mitad inferior, más de las que quería admitir…

-¿Qué estoy haciendo en este rincón del mundo, con una persona que durante tantos meses no me ha ofrecido más que risas insustanciales, caricias huecas y besos sin alma?- la sensación de haber descubierto una gran revelación me inundó interiormente.

– ¡Tierra llamando a Rubén! Vamos, dale que tengo frío ¡Hay una confitería muy linda a 5 cuadras, donde te sirven el mejor “fish and chips” de Londres!

– Andá vos, yo prefiero no ir, gracias.

– Rubén, ¿realmente te enojó lo que te dije? Nuestra relación siempre fue casual, espontánea…¿desde cuándo necesitás otra cosa?

– ¿Enojarme? No, Pame. Tenés razón, hay poco tiempo para amar. ¡Por eso me tengo que ir!

Y mientras terminaba aún la frase, me di vuelta y caminé con creciente decisión y alivio, en el primer acto de amor propio que me regalaba en mucho tiempo…

Un comentario en “Tiempo

  1. Maxi
    Muy bello escrito. Según mi interpretación, no hubo un adiós sino un hasta luego. Después los dos se volverían a encontrar. En una vieja canción la catedral de Winchester había sido el testigo mudo de una despedida. Esta vez, el Big Ben. Felicitaciones por tu buena pluma,
    Raúl

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