Día de pago

bosque

Esta vez, publico un relato que escribí en el taller literario Memorias Del Subsuelo, a raíz de un divertido ejercicio: improvisar un cuento, en tiempo real y sin frenar, a medida que nos iban dando frases al azar. Así nació este cuento, que debía incluir frases como “cazador oculto”, ” voces sin rostro”, “fritura” o “he resucitado”.

¡Esto es lo que quedó!

Esta vez me encontraba solo. El cazador oculto tenía, en esta oportunidad, carta blanca para saldar mi deuda.

Creía oírlo con cada crujido de hojas, creía verlo en cada sombra entre los árboles: sabía perfectamente que me encontraría tarde o temprano. Sin embargo lo más aterrador no era la inminencia de la muerte, ni el dolor que sufriría cuando fuera traspasado por una certera flecha. Lo que más me atormentaba, en cambio, era la incertidumbre: ser víctima de un verdugo sin nombre propio, sin una identidad que me permitiera, al menos, destilar sobre alguien la rabia y la impotencia que se agolpaban en mi interior. Voces sin rostro se reían de mí sin piedad, insensibles a mi creciente fragilidad y desesperación. Mi final se acercaba.

¿En qué momento me había convertido en presa?

Intenté sin éxito recordar el camino que tantas otras veces había recorrido despreocupado. Aún podía verme paseando despreocupadamente por ese bosque: soberbio el espíritu, irreflexiva mi vida, sin otro interés que el de mi propio bienestar.

Anduve sin rumbo preciso durante algún tiempo: ninguna dirección era menos peligrosa que otra. La amarga espera del desenlace se volvía sofocante. De repente, mientras caminaba vacilante entre espinosos arbustos, percibí un olor penetrante. Provenía de atrás de unos matorrales altos y frondosos, de follaje oscuro, que estaban a mi izquierda. Mi instinto de supervivencia ya no funcionaba correctamente, por lo que la curiosidad me arrastró hacia ese extraño aroma. Era lo único que me distraía en esos momentos en que el terror me poseía. Atravesé con torpeza y dificultad aquellos matorrales, y ni bien me encontré del otro lado, una oleada aguda de dolor se expandió desde mi hombro izquierdo hacia el resto de mi cuerpo.

Me desplomé en el suelo.

***

Volví a advertir mi propia existencia, tras lo que pareció una eternidad.

¿Había muerto?

– He resucitado, el Cielo no me estima digno de descansar en paz, lejos del tormento en que se ha vuelto mi vida. Que así sea, Dios me proteja y me guarde. Que Él nos guarde a todos de las trágicas consecuencias de nuestros propios pecados. Que Él nos revele el secreto de la perseverancia en el buen camino, para no ser víctimas de esos viles actos de los que también fuimos victimarios.

A medida que recobraba la conciencia, el suplicio físico se volvía más incisivo. Al mismo tiempo, mi misticismo disminuía y mis suspicacias aumentaban.

– No me mató – concluí, entre embotado y entregado -. Me hirió para mantenerme vivo quién sabe cuánto tiempo, y disfrutar de mi agonía.

Un sabor ácido brotó de mi paladar y se expandió por toda mi boca.

¿Merecía este tormento intolerable? Quizás sí.

De pronto oí sus pisadas. Unas pisadas fuertes, terribles, de exterminador. No podía moverme por el cansancio, el entumecimiento y el desconsuelo; pero podía notar que se encontraba a escasos pasos de mi cuerpo yaciente.

– ¡No venderé nunca más información en toda mi vida! ¡No sabía que quemarían el pueblo entero, nunca permitiría la muerte de inocentes! ¡Si murió su familia, señor, no fue mi intención!

El cazador oculto se limitó a responderme con un macabro silencio.

– ¡No estoy preparado para morir! ¡Sólo-

Esa fue mi última exclamación. Lo último que recuerdo es un intenso hedor a fritura y una especie de gruñido que llegué a interpretar como una risa, antes de abandonar este mundo de vicios y venganzas.

Un comentario en “Día de pago

  1. Está bueno cómo incorporaste las palabras o frases sin que quedaran forzadas.
    Lo de la fritura, que es lo más extraño, tal vez, lo mencionaste al final y no queda tan raro, ya que la muerte, después de todo, es una experiencia desconocida y fatal, que tal vez tenga sabores y olores inesperados, descabellados, incluso.

    Le gusta a 1 persona

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